Escuche entrevista con un ‘calibrador’ en El Desahogo clickeando en el vinculo de abajo:
cada día en Popayán; un trabajo que no tiene horarios fijos, realizado a sol y lluvia en casi todas las ciudades del país, y que mayoritariamente es ejercido por muchos jóvenes. Me refiero a los populares calibradores y calibradoras que salen desde las seis de la mañana cuando empiezan a circular los buses, busetas y colectivos de transporte público urbano, para guiarlos y anunciarles como avanza el movimiento de las rutas de las diferentes empresas a lo largo de la jornada.
Luís Eduardo Serna a quien cariñosamente le dicen “Donas” es una de las personas que trabaja como calibrador desde hace casi ochos años; él es uno de los pioneros en esta importante labor en Popayán, lo que le ha permitido su reconocimiento en el gremio transportador local.
“Donas” cuenta que esta actividad le ha servido mucho para poder sostener a su familia, pagar servicios y vivir bien, y agrega que se trabaja mejor con algunas empresas que los tienen en cuenta y que no son tan “tacañas”, ya que existen unas que son ‘intensas’ hasta con los pasajeros.
Los implementos de trabajo de un calibrador, según Luis Eduardo, son un lapicero y una tablilla con unas cuantas hojas en las que hay unas cuadriculas para registrar los tiempos tomados con la otra herramienta que usan, el reloj y/o cronometro que les sirve para regular los tiempos que un vehículo lleva del otro, y así anunciar a los conductores si van quedados o si van muy adelantados en sus recorridos.
Otra de las herramientas importantes en este trabajo es el teléfono celular donde se registran los números de los conductores, y solo con timbrarles se les indica que el vehículo que lleva una ruta similar a la suya, ya esta pasando por el sitio donde el calibrador esta ubicado. Los sitios donde se reúnen, porque a veces trabajan en grupos de hasta cuatro calibradores, son algunas esquinas y semáforos en todos los sectores de la ciudad por donde transitan los vehículos que transportan pasajeros.
Hay algunos conductores que confían en los tiempos cronometrados por los calibradores y realizan las rutas pendientes de gritos como: a dos minutos de la 4 y tres de la 6, indicando la distancia que le llevan los otros buses, busetas o colectivos, que van por el mismo sector del interesado. Vas quedado, o hágale que lo alcanza a veces remplazan la entrega del tiempo, y de eso depende la marcha con la que el bus o buseta continua el recorrido.
Los mensajes son retribuidos con una moneda que puede ser de cien, doscientos o quinientos pesos que poco a poco van sumando la ganancia de cada jornada.
Para ser calibrador no se necesita una inducción o la presentación de hojas de vida, es más bien un trabajo marginal que le ha permitido a mucha gente sobrevivir en este país que ofrece pocas posibilidades de empleo.
Ese carácter marginal le ha ocasionado a las personas dedicadas a esta labor que la policía en ocasiones les incomode en su trabajo con el argumento de que es una actividad ilegal, sin tener en cuenta de que con esta labor no se le hace daño a nadie, que es una actividad honesta y además que los conductores que colaboran con los calibradores lo hacen voluntariamente.
Lastimosamente en el país se persigue a la gente que vive del rebusque, en vez de brindarles soluciones.
Ejemplo de esto fue un proyecto de hace unos días que afortunadamente no fue aprobado en el senado y que buscaba multar a los conductores que comprarán o donaran alguna moneda a quienes laboran y solicitan ayuda en los semáforos. El colmo, como si ser pobre en Colombia fuera un delito.
Cada día muchos jóvenes se suman a este trabajo fruto del ingenio de los colombianos, porque según he consultado, este fenómeno no se presenta en ningún otro país de Latinoamérica debido a factores como el transporte masivo tipo Transmilenio, a la existencia del metro y del subterráneo, y otras formas de organización en las rutas de los buses en las diferentes ciudades del continente.
Ferney Meneses Gutiérrez
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